Fragmento de la alocución del Gran-Canciller Presidente del Real Instituto Alfonso XIII en homenaje a las víctimas del terrorismo de ETA durante el último Consistorio Académico  del Real Instituto Alfonso XIII.

Miro mis propias manos, las cuales están tan limpias como vacías y al fondo de ellas, las manos redentoras del Rey de Reyes el Gran Poder de Sevilla, que como dice el adagio popular: !Si Sevilla por tener tiene el poder en sus manos, a Jesús del Gran Poder que también es Sevillano! O como cantaba “El tío penas” en sus famosos fandangos: “Tengo mis manos vacías de tanto dar sin tené, pero mis manos son mías y mi conciencia también. Fíjate si  er mundo es canalla, que dise las cosas malas y las buenas se las calla“.

 

“! MIRAR SUS MANOS: ESTÁN MANCHADAS CON SANGRE !”

Suelen los pueblos de la tierra enaltecer a los humanos que han traído en sus naciones el orden, el progreso, la paz y la concordia. Estas patrias serán inmortales e imbatibles entre las naciones pues en el dilecto y primoroso camino de ceñir en las sienes de sus pacificadores, honran al orbe y revisten al género humano de grandeza infinita. Ha llorado el mundo entero hace meses la muerte del último gran líder de la humanidad desde aquel  dolorido continente africano, ante el cuerpo sin vida de Nelson Mandela, pero pleno de luz ante los amados hijos y Defensores de la Paz. Nuestros ojos no se apartan en ningún momento de la realidad mundial  y los labios no cesan de rogar por la paz una y otra vez para las naciones hoy en guerra o al borde de cualquier conflicto que pueda desencadenar una guerra III Guerra Mundial de consecuencias inconmensurables. Contemplamos en nuestra amada España se desea honrar por igual a quienes  son criminales y enemigos de la Paz Nacional y Universal. ¡Mirar sus manos manchadas con sangre; la sangre de las viudas, y huérfanos, la sangre de los niños y de los jóvenes cuyos desarrollos físicos se ven impedidos o retrasados por la ira del crimen; la sangre de miles de víctimas inocentes de todas las clases sociales, quienes fueron sacrificados en el altar despreciable del independentismo en loco paroxismo  de la inalcanzable y repugnante soberanía de una indivisible tierra de España llamada Euskadi! Esa sangre, como la de Abel, clama al cielo por estos nuevos caínes del miedo el horror y la violencia. Y en sus manos la mancha es indeleble, igual que muy dentro de sus conciencias sus execrables crímenes no deben ser perdonados hasta que reconozcan y, a través de las lágrimas y de la expiación, realicen enmiendas hasta el punto en el cual un crimen tan grande sea posible. Aquellos que han sido seducidos por los defensores de la violencia y quienes, después de haberlos seguido neciamente, comienzan a despertarse de este engaño, consternados al ver a qué los condujo su servil docilidad, allí no hay otro medio para la salvación que el repudio definitivo de la idolatría del nacionalismo absoluto, del separatismo suicida e ignaro, del orgullo huero de la raza y de la sangre inexistente, del deseo por la hegemonía en la posesión de los bienes terrenales en pos de alzar banderas de patrias chicas absurdas, sin lógica y razón histórica.  Y en volverse resueltamente y definitivamente, hacia un único espíritu de sincera fraternidad en el que se funda el culto a la paz, al orden, al progreso, a la cultura, a la unidad de España, y en el cual esas ideas, por largo tiempo opuestas, del bien y del deber, de la ventaja y la desventaja, se reconcilien en la justicia y la libertad. La reconciliación de nuestro pueblo vasco sólo garantizará la estabilidad si se lleva a cabo con fe y tolerancia. No podemos siquiera suponer que después de tantos años de crimen y dolor, haya alguien que se sienta tentado de sacar provecho de la situación presente para convertir la  organización de la paz en su propio beneficio y en contra de todos los dictados de la justicia. Éste, de hecho, estará por el momento en una posición de presentarse como benefactor de la humanidad más tarde la Historia, que juzga a la luz de principios más elevados  y de una experiencia más vasta, lo clasificará, no entre quienes han contribuido a redimir el mundo de la opresión  y de la violencia sino entre esos engañadores quienes en una hora seria y decisiva han traicionado la expectativa de su propio pueblo, a los cuales su sufrimiento indescriptible ha conferido un nuevo título de respeto. Que la sangre de las víctimas del terrorismo de ETA  sean ahora  quienes arrojen la luz al mundo clamando por la PAZ ante los que esconden hoy sus manos manchadas en crimen abyecto e inmoral ante la humanidad a la que nunca podrán engañar, junto a sus propias y atormentadas conciencias, pues los ojos de Dios nunca descansan. Y no olvidemos que ante Dios Maestro y Señor Soberano, nada ni nadie escapa de su ira, así como de su juicio inapelable  como Príncipe de la Paz y dueño de los designios de la tierra entera.

Liberto López de la Franca

madre

M  A  D  R  E

Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su Amor. Y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda  a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica  daría  con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de un niño y siendo débil se reviste a veces con la bravura del león: una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de Ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios… De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape de lágrimas este escrito, porque ya la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos, leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero ha dejado aquí  un boceto del retrato de su Madre.

gobiernas

SI GOBIERNAS SE PRUDENTE

Acepto y comienzo con este primer discurso de mi inicio, en la andadura como Presidente del Consejo General del Poder Académico. Hace años entre mis convicciones, decía: “Si eres prudente gobierna”.  Ahora aclamo: “Si gobiernas se prudente”.  Es decir: tener muy metido en la cabeza algunos principios básicos y estructurales para tratar de adaptarlos a las circunstancias de la vida. El poseer esos principios y aplicarlos a la realidad institucional y de la mentalidad del momento, con coherencia, humildad, y dando ejemplo, pues en esta ultima virtud,  reside toda la fuerza de la autoridad. Hoy comienzo y comenzamos, con un cambio que emerge de la Ley y transita a la Ley, es decir ir de la Ley a la Ley. Un tránsito, respetando las estructuras, en el regeneracionismo y reforma de nuestro Consejo General. Este es un gran paso, cuyos frutos ni siquiera nosotros veamos madurar, pero tenemos una fe en ello, una ilusión y una esperanza. Este estamento comienza una gran travesía a un puerto más seguro. ¡Como deseo ardientemente sea esta,  una institución de espíritu auténtico de servicio a la ciudadanía! Digna, libre, soberana, austera y útil para todos sin distinción de clases.  (Aplausos) He querido se rubrique aquí en esta nobilísima Granada, marco incomparable para el refrendo y sello de este Tratado. A los pies de su Alhambra, y como mayestáticos testigos de servicio  a este memorable acto, aquellos vuestros custodios eternos  Isabel y Fernando. Es hora ya del buen gobierno, como dijo Quevedo en: “Política de Dios y Gobierno de Cristo”. Por ello,  cuando dentro de un momento  la tinta rasgue el papel, y el protocolo notarial sea consumado, se cerrará  una página de nuestra historia y se abrirá las puertas a un nuevo tiempo. Al poner punto y final al Consejo General del Poder Académico, y terminar una etapa trascendental de su vida activa, y dar paso solemne al nacimiento del Consejo General de las Reales Academias e Institutos de España, mi corazón de humanista, político e historiador, murmurará  desde lo más profundo de mi alma: ¡Gracias Patria mía, porque tu mereces todo, menos dejarte abandonada, gobernando por amor y con prudencia! Por ello si gobernamos, seamos dignos, honestos, y prudentes ante los ojos del soberano y honrado pueblo Español. ¡Si así lo hacemos, el porvenir es nuestro! Liberto López de la Franca