PROLOGO AL FASCICULO DE LA HISTORIA DEL FACSIMIL DE LA ORDEN DE CALATRAVA

Porque la historia de la Orden Militar de Calatrava es casi inabarcable, rompe todas las fronteras incluso las del tiempo  y la historia. Como bien trazó con su pincel Valdés Leal cuando en su sobrecogedor cuadro Finis Gloriae Mundi, la grandeza más grande es haber ceñido la corona, la tiara y haber vestido el hábito con la cruz roja al pecho de calatrava; en definitiva haber sido Rey, Papa y Calatravo. Nuestro Real Instituto atesora una de las bibliotecas más exclusivas y reservadas, especializada en órdenes militares, así como en realeza y monarquía. Es nuestro deseo colocar la misma en la vanguardia como una de las más ricas en estas materias, revistiéndola de ejemplares originales y facsímiles hasta alcanzar el sueño de nuestro gran amigo Umberto Eco, hecho realidad en su novela y película El Nombre de la Rosa. Aquella gran biblioteca ad conditur, del legendario monasterio recoleto en una  Italia del siglo XIV maravillosa. Siguiendo los pasos de aquellos dos titanes que hicieron grandes a los libros, llamados ante el género humano Narciso de Estenaga y Jorge Luis Borges. Uno en el Archivo y Biblioteca de la Catedral Primada de Toledo desde 1907 al año  1916 y con más brío cuando fue Deán de la misma de 1917 a 1922, fecha en la fue nombrado por el Gran Maestre Alfonso XIII, para la alta dignidad de Obispo-Prior de las Ordenes Militares Españolas, hasta que fue sacrificado en su propia Diócesis-Priorato el 22 de agosto de 1936. Y el otro como Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, desde el inicio de la Revolución Libertadora, acaecida en 1955 hasta la caída del Proceso de Reorganización Nacional en 1973, fin y ocaso de las dictaduras militares y vuelta a la normalidad democrática, tras 18 años de proscripción y desarraigo del presidente legitimista Juan Domingo Perón. Al llegar a sus manos la presente coedición obra ambiciosa que acariciaba nuestro Real Instituto desde que asumí su jefatura, han trascurrido casi dos años. Un bienio iniciado desde el minúsculo embrión, hasta ser una realidad bibliográfica puesta ante sus ojos, que ha sido llamada en estas horas postreras de su nacimiento, como una de las ediciones facsímiles más cuidadas con toda primorosidad, amor y sacrificio humano. Nuestra Biblioteca Capitular alberga y custodia hoy su ejemplar original, del cual nuestro editor ha reproducido cabal, y exactamente, siguiendo sistemáticamente mis directrices y conocimientos, ejecutando con materiales fieles a la obra auténtica del genial grabador del Rey Felipe IV; Don Pedro de Villafranca y Malagón. El cual junto a  Rivera, Goya, Picasso y Dalí, son el quinteto español más sublimes, al mundo únicos y solos del grabado y la calcografía en las bellas artes y la historia universal. Abundan en los anales hispanos figuras excelsas de artífices y creadores, que borradas, quedaría en muchos espacios el cuadro con la mancha de grises tintas. Suprimid por ejemplo a los reyes y mecenas, a los concilios de Toledo, a los humanistas y pensadores y habréis aniquilado los cimientos y más de la constitución política milenaria de nuestro pueblo. Como por desgracia ocurrió de 1931 a 1939 con la vesania y el terror rojo, que hizo sucumbir los pilares más inamovibles de nuestra cultura y nuestra ciencia, en una buena parte del territorio español. Siendo el golpe definitivo, si no de gracia, al menos de desgracia, para nuestro maltrecho patrimonio histórico-artístico, bibliográfico, documental y pictórico. ¡Cuántas riquezas, cuantos tesoros, nacidos de mentes y manos de artistas y artesanos, debió albergar esta dura y rugosa península ibérica! Cierto es no se confundían allí ambos poderes, el espiritual y temporal, ni usurparon mutuamente sus funciones, sino que se compenetraban, no tanto al imperio de la necesidad, como por la fusión íntima de la raza. Y cuando decaído aquel espíritu armónico sobrevino la catástrofe, fue la pujanza de los santos ideales, quien nos prestó ánimo y alientos para derrotar a los pueblos, que unos en pos de otros de allende del Estrecho a suplantarse bravos y numerosos. Causa de que no entendamos la razón de haber dado el siglo XIX y XX libelo de repudio en el campo universal de las actividades patrias a los eclesiásticos y militares, a las gloriosas Ordenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y de Montesa, relegándolas al desdén a su preciado ministerio histórico y sagrado. Sólo es capaz de tamaña injusticia la ignorancia, que no sabe y menos siente lo que fuimos; y no aludo a los sencillos honrados, sino a tantos como por ahí pupulan como lobos con piel de cordero, autollamados de forma engañosa y sofista como progresistas, cuya hueca necedad, al hablar, resuena altisonante en los oídos del vulgo insípido. ¿Desde cuándo la ignorancia se cree con derecho a opinar y saber gobernar? Llaman ante su tribunal a todo y a todos y sin apelación absuelven o condenan. La anécdota vulgar, el dicho agudo, una sátira punzante, el mordaz chascarrillo o el gesto despreciativo  tienen para ellos más valor que cien argumentos y mil testimonios fehacientes. Quienes entre nosotros amen sinceros al pueblo hispano, han de trabajar seriamente. No basta que nos paseemos  por el Atlántico en las carabelas de Colón y los Pinzones cantando sus glorias, ni que vayamos a las llanuras de las Navas de Tolosa, Pavía y San Quintín y a las aguas de Lepanto. Hay que tener arrestos para añadir nombres a nombres, excelsas figuras a incomparables héroes, hazañas  a proezas y claridades a la luz esplendorosa. Quizá al leer estas líneas diga alguno, cuando menos para sus adentros: Cosas pasadas, que no interesan, hay que trabajar para nuestro tiempo. Error crasísimo, como si hubiera perdido la maestra de la vida el don de enseñar y dirigir a los pueblos. Quienes sientan despertarse estímulos en el ánimo para algo o mucho, sepan que es tanto lo que nos resta que hacer a los españoles que puede cada uno ir en busca de lo que más le agrade y plazca, seguro de encontrarlo. La mejor apología de la Orden de Calatrava se halla en este campo, aquí el arma más eficaz para destruir la leyenda negra, que ante el extranjero oprime a nuestra Patria, aquí se fortalece el espíritu, claro se ve el camino de nuestro encumbramiento y se escucha vigoroso el palpitar del corazón perenne de la raza. Recordar a quienes en el siglo XIX y XX han zaherido y motejado al XVII, su vida social, política, artística, espiritual, y religiosa, lo que en semejantes ocasiones solían decir nuestros padres: Espantóse la muerta de la degollada. Éramos, al fin todavía en aquellos tiempos envidiados y algunas veces temidos y ondeaba nuestra bandera en Nápoles, Milán, Sicilia, Cerdeña, Flandes y América, en aquel Imperio forjado por tantos caballeros como sacaron de mil combates victoriosa al pecho la roja cruz de calatrava, enseña la más genuina de la historia, tradiciones y arraigadas creencias del soberano pueblo español. Cuyos hijos nunca desmentirán su abolengo de cristianos, porque nacimos y vivimos felices en el famoso Campo de Calatrava, aún teñido de la sangre de los cruzados. Este no solo es un libro sobre nuestra ínclita e inmortal y universal orden de caballería de Calatrava, nacida y puesta en pie la presente obra bibliográfica, aquí en la capital del Priorato de las Ordenes Militares españolas, cabe el trono de la Patrona de Casa Real Española y de las ordenes de caballería Nuestra Señora del Prado –que en tiempos fue llamada bajo la advocación de los Tornos o Torneos, de los Reyes y de las Batallas-, donde hoy tienen los Obispos-Priores su sede episcopal. Indudablemente  es una obra de arte aquilatada y cuidada por manos expertas desde el intelectual, al archivero bibliotecario-académico, el impresor, el calcógrafo, el encuadernador, el Notario Académico, la Notario Civil, el maestro y el oficial grabador en relieve, de la Casa Real Española o de la Presidencia del Gobierno de la Nación, y como colofón de estricto rigor y control, las técnicas más avanzadas como son el ADN  de la holografía más vanguardista y selecta, inalterable e inviolable y codificada. Coronando el facsímil las trazas del plumín del decorador amanuense de pergaminos hoy en vías de extinción.  ¡Es sin más una exultante obra artística florecida en los albores del siglo XXI donde el arte ha muerto! Cuanto más el hombre necesita hoy del esplendor de ese arte y de la belleza más  sublime, sepan aquellos que huyen despavoridos, volviendo su presencia a la mediocridad, que solamente un arte en plenitud y la belleza autentica, ambos en unión inseparable, como un matrimonio fastuoso  y mayestático,  es lo único que al hombre puede salvarlo hoy de la desesperación.  En este acontecer y afán diario de una vida en descomposición moral sistémica, con un alto declive de la ilusión y la esperanza en sí mismos. Donde impera en este tiempo adverso del pensamiento inexistente, la dictadura de la relatividad en todos los órdenes, haciendo estragos en el alma del hombre, como bien aclamó Su Santidad Benedicto XVI, en un discurso histórico, en el pre Conclave donde fue elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, por el Sacro Colegio Cardenalicio en el año 2005. La Comisión Académica de nuestro Real Patronato, ha ejecutado  fielmente lo que encomendé, y desde el mes de julio de dos mil trece al veintiocho de febrero de dos mil catorce, conmemoración del  LXXIII aniversario del óbito en su exilio del titular de nuestro Real Instituto S.M. el Rey de España Don Alfonso XIII,  ha trabajado intensamente para hacer realidad este sueño, que hoy acarician sus manos, cumpliendo los preciados fines de nuestros Reales Estatutos y Constitución. Nuestro Notario Mayor, Secretario Canciller, Prefecto-Maestro de Protocolo Ceremonias y Rubricas Académicas, se mostró solicito de inmediato a mi petición, para hacer un esbozo en síntesis de la historia de la Orden Militar de Calatrava, que diera sentido previo para revalorizar nuestra edición facsímil en un orden cronológico del contexto histórico, y que ahora aquí podrás distenderte y deleitarte con su lectura. La ultima dos últimas partes de este opúsculo, he creído conveniente no asignársela a cualquiera de los miembros del Consejo de Gobierno , por ello he encargado a nuestro Auditor General, Cronista Académico y Consejero de Numero Ilustrísimo Señor Don Emilio Martín Aguirre, que sea él quien elabore ahora la preciada biografía, obra  e historia de Don Pedro de Villafranca y Malagón, eminente paisano nuestro de esta comarca más que universal que es la Mancha, tierra y patria chica mía, por donde Don Quijote recorrió su locura bendita. De igual modo el Consejero Martín Aguirre, desglosará las vicisitudes  que hemos vivido intensamente para poner en pié este facsímil, que desde luego han sido plenamente onerosas, costosas y arduas. Él escribirá  la pequeña y a la vez grande, así como apasionante y dolorosa historia de este facsímil calatravense, obra  de amor salida de la imprenta, que como luz cegadora de la razón,  no dejará indiferente a nadie. Han sido ya entregados como valija protocolariamente por cauces diplomáticos los XXII tomos facsímiles no venales,  encontrándose posesionados el Nº I en la Biblioteca Privada en el Palacio de la Zarzuela de S.M. la Reina de España Doña Sofía de Grecia, en Nº II en la Biblioteca personal de Su Santidad el Papa Francisco, el Nº III al Museo Gutenberg, para que opte al Premio Internacional Gutenberg, el Nº IV en la Biblioteca de la Casa Blanca del Presidente de los Estados Unidos de América, los Números  V,VI,VII, VIII a la Biblioteca Capitular de nuestro Real Instituto, el Nº IX a la Biblioteca Privada de S.M. la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña Isabel II, el Nº X a la Biblioteca Privada del  Presidente de la República Popular China, Su Excelencia Xi Jinping, el Nº XI a la Biblioteca Privada del Presidente de la Federación de Rusia, Su Excelencia Vladimir Putin, el Nº XII a la Biblioteca del Emperador del Japón, S.M. I.  Akihito, y así consecutivamente hasta complementar los veintidós números del facsímil no venales. Y aquí, lector coleccionista y apasionado, doy fin a este lábaro, pues ya se acaba la explicación de cómo ha nacido este libro facsímil. Lo envío y coloco respetuosamente en sus manos, tan buenas manos, suplicando premies con indulgencia no ya el merito del Consejo Supremo del Real Instituto Alfonso XIII, sino la intención, y si a Dios Nuestro Señor le place concedernos vida espiritual, física e institucional, verás tu generosidad pagada con otros hermanos libros facsímiles, donde quiero campee mi ansia fervorosa por amor a las Bellas Artes y las Ciencias Históricas y Políticas, así como sosegar anhelos y cumplir promesas por el bien nuestra amada Patria España y por la grandeza de Europa y del orbe. Los deberás en gran parte a mis Consejeros de Numero, Correspondientes y de Honor, grandes intelectuales y humanistas, tan buenos que como gobernarlos su Gran-Canciller, no necesita ni del bastón de mando,  ni apenas del anillo patronal del primer Doctor de este Regio Colegio, ungido por las letras castellanas y la cátedra sede principal, alumbrada de la sabiduría de la edad y de la vida pues me prestan margen, si no muy ancho a lo menos frecuente, donde vaya entreverando con las obligaciones vitalicias otorgadas a nuestra entera solicitud de la muceta purpurea los escarbos en la historia. VALE.

Liberto, Gran-Canciller